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Inclusión Intolerante


La Inclusión Intolerante

Había una vez, hace mucho tiempo, una sociedad sumida en la represión, asfixiada por su gobierno, su moral, su corrupción y religión.


En aquellos tiempos, las palabras debían ser cuidadosamente escogidas, pues decir algo "inapropiado" podía provocar despidos, golpes o incluso la muerte.


El gobierno controlaba los medios de comunicación, usándolos como altavoces para su propaganda, y censuraba cualquier contenido que señalara su ineptitud o expusiera su corrupción.


Bandas y artistas valientes que alzaban la voz eran vetados, y solo el arte urbano ofrecía un respiro para expresarse sin temor.


Pero con la llegada de Internet, un medio masivo de comunicación global y bidireccional, todo cambió drásticamente.

Una "revolución moral" se desató, impulsada en gran medida por las redes sociales, que permitían a los usuarios compartir proyectos, negocios, arte e ideales.


Como decía el filósofo italiano Umberto Eco, si la televisión había promovido la mediocridad, Internet elevó al tonto del pueblo como portador de la verdad, otorgando una plataforma a legiones de ignorantes.


Esta "revolución moral" dio lugar a nuevos medios con discursos alternativos, contrastando con los impuestos por los medios tradicionales y enfrentando censuras autoimpuestas o legales como los derechos de autor.


En la industria del cine, por ejemplo, compañías como Blockbuster se desmoronaron al no adaptarse a los formatos digitales y al auge del "streaming", surgiendo nuevos modelos de negocio que permitían a los usuarios disfrutar de películas desde la comodidad de sus hogares.


La industria musical también experimentó una revolución en la música independiente, permitiendo a los artistas comunicarse directamente con su audiencia sin depender de disqueras.


Así comenzó todo. En un principio, los videos de borrachos "chistosos", los memes, podcasts y blogs fueron los primeros medios de difusión en Internet, aunque despreciados por la cantidad de energía mental que requerían para ser comprendidos. Sin embargo, con la aparición de los "influencers" y una nueva ola de contenidos, los blogs se convirtieron en una herramienta crucial para las marcas que buscaban aumentar su presencia en línea y atraer audiencias digitales.


Esta apertura en la comunicación provocó grandes cambios en el comportamiento colectivo en todo el mundo. Las personas podían comunicarse a nivel masivo, unirse para lograr cambios significativos, apoyar en desastres naturales, compartir noticias, derrocar sistemas políticos y emprender nuevos proyectos... Pero nada perdura eternamente.


De acuerdo con Joseph Goebbels y sus principios de la propaganda, uno de ellos se aplica especialmente en este contexto: el de la vulgarización. La viralidad del contenido se basa en su simplicidad y falta de profundidad, lo que permite ser comprendido por personas con menor nivel educativo o capacidad de razonamiento.


Y así, todo se desmoronó. Pronto se descubrió que una opinión masiva tenía más fuerza que una voz independiente, pero surge la duda: ¿tenemos la capacidad moral e intelectual para juzgar, y más aún en masa? Estudios han demostrado que la persona más básica del grupo al que pertenecemos es la que nos representa, como se puede observar en nuestros gobernantes.


Hoy vivimos en una sociedad autocensurada que, en su búsqueda por la inclusión, excluye todo lo que va en contra de la corriente. Nos dividimos en subculturas y trastornos de personalidad, buscando validarlos como género. Se victimiza a un porcentaje de la población debido a sus características específicas y se ataca a quienes no están de acuerdo.


Internet se ha convertido en un teléfono descompuesto, donde podemos compartir movimientos y propuestas con el potencial para cambiar el mundo, pero nuestra naturaleza humana termina distorsionando estas ideas en versiones superficiales e incomprendidas, convirtiéndolas en simples "tendencias" que nos llevan de la censura a la autocensura.


En medio de esta confusión, recordemos las palabras de Buda:


"Estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí".

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