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Personalidad Digital



Siempre he creido que el ser humano existe simultáneamente en tres planos distintos: El primer plano es nuestro cuerpo físico, destinado a nacer, morir y retornar a la tierra; En el segundo plano reside la energía, que nos conecta con todo. Algunas culturas o religiones la consideran de origen divino; Y en el tercer plano se encuentra la conciencia. Es aquí donde habitan nuestros sueños, nuestra imaginación y el temor a la muerte.


En los años 60 comenzó "Internet". Estados Unidos creó una red exclusiva para uso militar, llamada ARPANET, con el fin de acceder a información desde cualquier punto del país en caso de un ataque ruso.


Sin embargo, no fue sino hasta 1983 cuando nació Internet en su totalidad. El Departamento de Defensa de Estados Unidos lanzó el protocolo TCP/IP en su red ARPANET, dando origen a la red ARPA Internet.


En la última parte de 1997, surgió Six Degrees (Seis Grados), una de las primeras redes sociales en Internet. Su nombre hacía referencia a la teoría de los "Seis grados de separación", basada en la idea de que "cualquier ser humano está conectado a otro del planeta por un máximo de 6 conocidos".


Así es como cobró vida el tercer plano, principalmente como una herramienta de comunicación que evolucionó en un espacio digital en el que podíamos socializar, compartir y registrar nuestra existencia.


En la actualidad, las nuevas generaciones nacen ya condicionadas a tener un avatar digital, aprendiendo y jugando en línea, y socializando de manera digital, entre otras actividades.


Contamos con una versión digital de nosotros mismos que nos permite escoger qué queremos compartir, revelando situaciones que antes eran secretas a voces, y brindándonos la oportunidad de promocionar, vender y ofrecer servicios de manera independiente.


Es en esta sociedad digital donde reside nuestra conciencia, aunque actualmente no sea el caso de todos. Sin embargo, en un futuro cercano, esta realidad digital se convertirá en nuestra nueva realidad.


En las redes sociales encontramos una aprobación que anteriormente solo se hallaba en la religión, y así fue como Internet mató a Dios. Validando nuestra existencia, fomentando nuestro sentido de pertenencia y alimentando nuestro ego.


Hoy en día, vivimos en una realidad dividida. La mitad de nuestra vida se desenvuelve en Internet, trabajamos allí, convivimos allí e incluso socializamos en redes sociales.


Mientras que la otra mitad, la menor parte, se desarrolla en la realidad orgánica.

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